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UN MUNT DE MOTS

TRES PARAULES... I UN CONTE.

Cuento a partir de las palabras: titiritero, diagonal, imposible

Cuento a partir de las palabras: titiritero, diagonal, imposible

El titiritero llegó a la plaza del pueblo cargado con sus bártulos. Como cada año, su corazón de llenó de un sentimiento agridulce. Los niños que jugaban en torno a la fuente se arremolinaron a su alrededor, expectantes y curiosos. Mientras montaba el teatrillo, les explicaba historias de lejanos lugares. No les hablaba de los caminos llenos de barro, de las noches solitarias, de los desprecios sufridos...

Escuchó una voz alegre y sorprendida. Atravesó la plaza en diagonal con pasos apresurados. Un abrazo y un beso sonoro en cada mejilla le dieron la bienvenida. Adela llevaba un precioso vestido floreado. Su cara resplandecía con una belleza serena. Parecía imposible, pero estaba aún más bonita que el año anterior. A su lado estaba su marido, el médico del pueblo, y dos niños de corta edad, con trajes relucientes. Los hombres se saludaron con un rápido apretón de manos. Conversaron amigablemente sobre el tiempo transcurrido y las novedades de la fiesta mayor.

La mujer se alejó, pensando en lo que podía haber sido y no fue. Él la vio marchar, atesorando su recuerdo. Había sido una decisión difícil, casi heroica. Amar verdaderamente significa buscar la felicidad de la persona amada.

Conte a partir de les paraules Putxinel.li, Impossible, Diagonal

Conte a partir de les paraules Putxinel.li, Impossible, Diagonal

De lluny me’l mirava. Era com un putxinel·li; cap cot, braços caiguts, apàtic, indiferent, de mirada llunyana.

 

La seva mare cada matí el treia dolçament a passejar amb aquella cadira de rodes que tant li costava dominar. Ella s’esforçava per fer-la rodolar en diagonal, però una petita pedra, un petit desnivell, li feien perdre el domini de la conducció que ella, serena, tornava a adreçar. Això no la preocupava. Ella vivia pendent del seu fill, volia veure en ell un petit senyal  de sensibilitat envers la natura; que  mirés el vol d’un ocell i el seguís amb la mirada, que contemplés les flors que a ella tant li agradaven i aixequés els seus braços sempre estàtics i amb les mans volgués tocar-les... i no. Cada dia passejaven tots dos sols. Ell era el cos, ella era l’ànima. Ell el desvalgut, ella la força, la tossuderia, el voler, la tendresa...

 

Quan arribaven al final del passeig i obria la porta per entrar a casa, volia, mai no deixava de voler-ho, que de sobte, aquell fill tant estimat, pogués mirar enrere i dir-li... quin passeig tant llarg, mare!

 

Però de nou es deia que això era impossible... Que potser demà o un altre dia es comunicarien. Ell  hi era, però no hi era, però això si, li omplia de dia i de nit la seva vida.

 

Cuento a partir de Ventilador - Astronauta - Estantería

Cuento a partir de Ventilador - Astronauta - Estantería

UNA TARDE

 

Sentados en una mesa del bar del Paco, aquellos hombres se escondían del sol abrasador de julio, sin necesidad de mediar palabra. El sopor del verano y el aleteo de las aspas del ventilador con su monótono ritmo, les amodorraba. El menos viejo despertó tras un breve cabeceo y pidió una ronda. El mayor tenía la mirada estancada en un muñeco de la estantería. Cuando se acercó Paco con las cervezas, le espetó:

 

—¿Qué es ese muñeco? ¿un astronauta? — preguntó algo incrédulo.

—¿Te molesta? —contestó con tono medio dolido.

— No.

—¿Entonces?

 

El viejo se encogió de hombros. Paco se acercó a la estantería. Ya casi lo había olvidado. Con un soplo le quitó algo del polvo acumulado durante años, y un poco más con la manga de la camisa. Luego lo dejó en su sitio y regresó a la barra. No tenía que dar explicaciones a nadie. A ellos ni les iba ni les venía… No les importaba si con él viajó a mundos imaginarios para escapar del pueblo,  si su ilusión era ver mundo y tocar las estrellas.

 

Contempló aquellas dos almas arrugadas que mataban las horas en su bar. Casi formaban parte del mobiliario. Quizás había sido un poco brusco. Total, sólo pretendían algo de conversación…

 

—Me hace compañía cuando no estáis —añadió mientras les ponía unas olivas.

 

Ambos asintieron con la pesadumbre de la comprensión. Uno recordó la ausencia de su esposa. El otro la de hermanos y padres. Quedaron con la mente vagando en el pasado. Así pasaron la tarde.

 

inefable, portátil, iconoclasta

 

RAMSÉS

 

Entró en el bar con su portátil y se sentó en su mesa de siempre. La camarera le trajo un café con leche y un crusán, sin decir una palabra. Concentrado en la pantalla, pasaron las horas mientras tecleaba velozmente. De vez en cuando, se quedaba quieto, mirando a lo lejos, acariciando su barbita puntiaguda. Luego continuaba golpeando las teclas con furia y rapidez.

En el bar entró un gato atigrado, con la cola enhiesta. Caminó majestuosamente hacia la barra y con un salto elegante se subió encima. La camarera le abrazó, dándole la bienvenida cariñosamente. Le acariciaba y le susurraba halagos y promesas. Le acercó un platito y el gato empezó a lamer la leche.

Fue un momento inefable. Él ya no miraba su ordenador. Ella había cambiado totalmente su expresión. Su cara se había iluminado, mostraba una sonrisa generosa, unos ojos brillantes, una voz dulce y susurrante...

Sin que su mente razonase, como si su cuerpo actuara atraído por un imán, se acercó a la barra y comenzó a farfullar elogios y alabanzas al felino. Incluso intentó acariciarlo, pero el gato lo evitó con un hosco maullido y una mirada desdeñosa.

Por fin, pudo articular:

--¿Qué nombre tiene?

--Ramsés, un gran guerrero, con una larga y apasionante vida, el más poderoso de los faraones.-ella siguió hablando con entusiasmo del faraón, de sus batallas, de sus esposas, de sus hijos...Él descubrió reflejos rojizos en sus cabellos, que se habían escapado del recogido.

--Tutankamón es más famoso.

--En realidad, su único mérito fue vencer a los iconoclastas.-comentó con cierto desdén-Es famoso porque su tumba no fue saqueada por los ladrones.

Siguieron hablando del gato, de los faraones y de Egipto, de la pirámide de Keops, la pirámide de la sonrisa y del crepúsculo, hasta que con timidez le propuso ir a cenar juntos. Ella clavó en él su mirada de antigua diosa durante un tiempo que se le hizo eterno.

--De acuerdo.