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UN MUNT DE MOTS

Cuento a partir de: milagro, verdad y zarrapastroso.

Cuento a partir de: milagro, verdad y zarrapastroso.

En paralelo

Aún es de noche, las calles iluminadas por las viejas farolas, toman un aire nostálgico en  tonos  dorados,  que permite olvidar la vejez manifiesta de las fachadas. Los balcones parecen sostenerse de puro milagro, faltan algunos trozos de revoque y el encuentro entre el parante de las barandas y la losa está corroído y rezuma humedad, seguramente la falta de cuidados arquitectónicos, en esta zona, corre paralelo a la carencia de cuidados personales.

Eso parece pensar Carla que, apoyando los brazos en la deteriorada baranda del balcón,  posa sus ojos en las irregulares piedras del adoquinado. Su mano derecha sostiene un cigarrillo que fuma con prisa, exhala una y otra vez el humo dándole distintas formas, en un juego seguramente inconsciente. Necesita respirar, olvidar ese olor nauseabundo a suciedad y sudor de cuerpos desconocidos, desde el zarrapastroso de turno hasta el señorito de gustos perversos, que  una noche sí y otra también  van pasando por la pequeña habitación que le sirve de vivienda.

Comenzó a rodar en ese camino con apenas diecisiete años y un cuerpo de bandera. Supo  sacar provecho del deseo que provocaba en los hombres,  reconocía con facilidad las miradas lascivas que de ellos recibía, incluso del que decía ser su padre.

Fue entonces cuando comprendió que debía controlar sus emociones, aprender a no sentir, a utilizar su cuerpo como una herramienta para su trabajo… y se fue a la gran ciudad, el paraíso soñado de los que nada tienen. Decidió que no volverían a utilizarla y esta decisión se convirtió en su lema, en su verdad. Ahora ella determina cuándo, cómo, dónde y espera lograr con quién. Un suspiro rompe el silencio y dice en voz baja:

─ ¡Ojalá no pierda la esperanza! han pasado veinte años y aún no puedo seleccionar la clientela.

El timbre suena insistente cortando sus reflexiones. Deja caer la colilla, que apaga mecánicamente con el pie, mientras hastiada y con resignación murmura: el que algo quiere, algo le cuesta.

 

Marité

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