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Trucs de propina - 2016-2017 - 1r trimestre

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10/10/2016: Leer es el centro creativo de la vida de escritor. Yo nunca salgo sin un libro, y encuentro toda clase de oportunidades para enfrascarme en él. El truco es aprender a leer a tragos cortos, no sólo a largos. Es evidente que las salas de espera son puntos de lectura ideales, pero no despreciemos el foyer de un teatro antes de la función, las filas aburridas para pagar en caja ni el clásico de los clásicos: el váter. [...] La gente bien considera de mala educación leer en la mesa, pero si aspiras a tener éxito como escritor deberías poner los modales en el penúltimo escalón de prioridades. El último debería ocuparlo la gente bien y sus expectativas. De todos modos, si adoptas la sinceridad como divisa de lo que escribes, tus días como integrante de tan selecta colectividad están contados. (Stephen King: Mientras escribo)

 

20/10/2016: Tus lectores son más listos de lo que imaginas. No temas experimentar con las formas de la historia ni con los cambios en el tiempo. Mi teoría personal es que los lectores jóvenes se distancian de la mayoría de los libros, no porque sean más tontos que los del pasado, sino precisamente porque el lector de hoy es más listo: las películas nos han hecho muy sofisticados para la narración. De modo que impactar a tus lectores es más difícil de lo que crees. (Chuck Palahniuk)

 

20/10/2016-2: «Hace casi dieciocho años, un luminoso día de primavera en que los árboles del parque exhibían, orgullosos, sus verdes variados, hasta que el sol los rozaba en una caricia de plata, salí a la terraza para despabilarme...» 

¿Podríamos decir que una frase así está mal escrita? Ciertamente no. Pero es retórica vana, y no hay en ella la menor autenticidad. [...] si alguien interrumpe el relato de un día importante en su vida para ponerse a elucubrar sobre una especie de cortejo entre los árboles y el sol, bueno... mi primera impresión entonces es que ni al propio narrador le interesa en definitiva lo que pudo suceder aquel día de primavera.

Apenas leídas esas palabras dejo de confiar en el personaje, porque él mismo no confía en su historia. (Ángel Zapata: La práctica del relato)

 

23/10/2016: Imagina que vas un día caminando por el campo, disfrutando del sol y de la naturaleza, y pasas junto a la vías del tren. Ves acercarse una locomotora antigua, pintada de negro, con las ruedas dando vueltas. Decides esperarla porque piensas que debe ser bonita. Así que, cuando por fin pasa frente a ti, ves pasar los vagones. Cada uno es diferente de los demás. Cada uno tiene su pequeña historia y ha pasado mucho tiempo por ellos. No están, quizá, en sus mejores condiciones, pero guardan cierto encanto. Así que, aprovechando que no van muy deprisa, buscas un asidero, te agarras y te subes. Desde una escalerilla vas viendo pasar el paisaje. El tren continua su camino y, aunque va despacio, vas disfrutando de la tranquilidad, del encanto, de hacer algo diferente; hasta que finalmente el tren se detiene y te ha llevado a un sitio donde no esperabas.

 Al día siguiente vuelves otra vez a salir de paseo y vas por una zona distinta dónde también hay una vía del tren, pero más moderna. Así que te paras a esperar el tren, a ver si tienes una aventura como la de ayer. Ves acercarse un tren blanco, aerodinámico, precioso, ultramoderno, que se acerca corriendo y pasa frente a ti, y todos los vagones son de una perfección matemática. Disfrutas por un instante de esa modernidad. Pero, claro, como no tiene asideros, no puedes subirte. Va demasiado rápido para ti. Lo sigues mirando pasar y pasar. Aunque realmente va muy deprisa, se te hace un poco aburrido porque todos los vagones son idénticos. Así que el tren finalmente pasa y tú te has quedado igual. Bueno, pues de eso vamos a hablar hoy, de cómo hacer que nuestra historia, aunque sea un poco clásica, permita al lector agarrarse y venirse de viaje con nosotros(Álex Hernández: Episodio 3 del podcast Taller Literariohttp://alexhernandez.es/taller-literario/sesion-03-estructura/ )

 

7/11/2016: Tengo libretas llenas de anotaciones. Cada día suelo apuntar una, dos, cinco... Yo las llamo pariditas y chorraditas, porque lo son. Pero no dejo de anotarlas. No hay que fiarse de la memoria. Un escritor siempre lleva los bolsillos llenos de recortes de periódicos con anotaciones en los márgenes, servilletas de papel con frases escritas, etc. Y cuando una funciona... es la gloria. (Jordi Sierra i Fabra, La pàgina escrita)

 

17/11/2016: Hay que aprender a desechar. Un buen escritor no se conoce tanto por lo que publica como por lo que echa al cesto de la basura. Los demás no lo saben, pero uno sí sabe lo que echa a la basura, lo que va desechando y lo que va aprovechando. Si desecha es que va por buen camino. Para escribir uno tiene que estar convencido de que es mejor que Cervantes; si no, uno acaba siendo peor de lo que en realidad es. Hay que apuntar alto y tratar de llegar lejos. (Gabriel García Márquez: Cómo se cuenta un cuento)

 

17/11/2016-2: Mineros de asteroides (no se llamaba así, pero era un título parecido) fue un libro importante en mi vida de lector. La mayoría de la gente se acuerda de cuándo perdió la virginidad, y la mayoría de los escritores se acuerdan del primer libro cuya lectura acabaron pensando: yo esto podría superarlo. ¡Coño, si ya lo he superado! ¿Hay algo que dé más ánimos a un aprendiz de escritor que darse cuenta de que lo que escribe, se mire como se mire, es superior a lo que han escrito otros cobrando?

Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar ciertas cosas. Una novela como Mineros de asteroides (o El valle de las muñecasFlores en el ático y Los puentes de Madison, por dar algunos ejemplos) equivale a un semestre en una buena academia de escritura, incluidas las conferencias de los invitados estrella. (Stephen King: Mientras escribo)

 

20/11/2016: «El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro. ¿Cómo tiene pensado empezar el suyo?

—No lo sé, Harry. ¿Cree usted que algún día lo conseguiré?

—¿El qué?

—Escribir un libro.

—Estoy convencido de ello.»

 

                             «El capítulo 2 es muy importante, Marcus. Debe ser incisivo, contundente.

—¿Como qué, Harry?

—Como cuando boxea. Es usted diestro, pero en posición de defensa es siempre su puño izquierdo el que está adelantado: el primer directo aturde a su adversario, seguido de un poderoso gancho de derecha que le tumba. Eso es lo que debería ser el capítulo 2: un derechazo en la mandíbula de los lectores.»

 

(Joël Dicker: La verdad sobre el caso Harry Quebert)

 

5/12/2016: La majoria d’escriptors no entenen de literatura més del que els ocells entenen d’ornitologia. (Marcel Reich-Ranicki)

 

15/12/2016: Corregir es sin duda una tarea ingrata y mal pagada, pero creo que todo escritor que quiera aprender debería hacerlo de vez en cuando para otros. Corregir para los demás es la mejor manera de entender el funcionamiento del lenguaje, estudiar el ritmo de las palabras, aprender sobre nuestras propias limitaciones y defectos, y de cómo subsanarlos.  (Gabriella Campbell: 70 trucos para sacarle brillo a tu novela)

 

16/12/2016: Hay metáforas básicas, digamos de un primer nivel, como la de «el sol es una estufa de butano», de Joaquín Sabina. La relación entre el sol, anaranjado y generador de calor, con una estufa de butano, anaranjada y productora de calor, es obvia. Pero en la metáfora siempre hay algo más: un excedente que se añade o una plusvalía. La estufa de butano, además de dar calor y ser de color naranja, es también un artefacto industrial, urbano, obsoleto, decadente, que cada vez con más frecuencia se reemplaza por otros inventos más modernos (calefacción eléctrica, de gas natural o centralizada) y que tiene un uso individual o familiar. Recurrir a una estufa de butano nos hace pensar en la soledad y en la necesidad de adquirir una fuente de calor que ya no nos llega por otros medios. Ese nuevo sol ya no es el sol gigantesco que a todos nos calienta, sino un epígono minúsculo de la peor calidad. ¿Cómo se llama la canción de Sabina? Pongamos que hablo de Madrid. Y ese es el añadido: esas son las características que tiene Madrid para Sabina (todo Madrid, no solo las estufas). (Enrique Paez: Escribir, Manual de técnicas narrativas)

 

18/12/2016: Las metáforas de segundo nivel son las metáforas de situación. Dos elementos se ponen en relación y se contaminan mutuamente. Suponen una elaboración un poco mayor, porque no conectan dos objetos de modo inmediato, como en el caso de la canción de Sabina, sino de modo un poco más sutil. En las metáforas de situación hablamos de algo que está o sucede junto a los personajes de modo aparentemente casual y desconectado, pero que en realidad está hablando de su esencia. Por ejemplo, si queremos mostrar la crisis por la que está pasando una pareja, podemos sacarlos de paseo al campo, y allí se encontrarán con una ardilla agonizando a la que no sabrán cómo prestar auxilio, no podrán cruzar un antiguo puente porque estará roto por la mitad, el arroz que llevaban en la tartera estará soso y unos nubarrones en el cielo anunciarán tormenta. Todos esos elementos son metáforas de situación que hablan de la crisis de la pareja, y no decorados puestos al azar. No es necesario acumular todas esas metáforas, ni tampoco tienen que ser tan evidentes. No tiene importancia que el lector medio no capte la relación de manera consciente, porque trabajan con el inconsciente. El lector no sabe por qué, pero presiente, por los indicios metafóricos, lo que va a pasar. (Enrique Páez: Escribir, Manual de técnicas narrativas)

18/01/2017 09:42 unmuntdemots #. TRUCS DE PROPINA

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