"Participa en la narració a tres bandes"
Associació literària "Un munt de mots".

Se muestran los artículos pertenecientes al tema NARRACIONS A TRES BANDES.

25/06/2008

Narració bilingüe a tres o més bandes...

"¿Miedo?"

- ¿Miedo? ¿qué coño, miedo?...Tiemblo… de frío…

-Dijo Fede-, sudoroso, proyectando su apestoso aliento saturado de JB, sobre la alargada nariz, de Pedro.

Se ajustaron sobre sus brillantes calvas las medias prestadas y sudorosas de la prima Juana – alias la Loca – y reprimiendo la risa que provocaba verse con la nariz y los labios torcidos enfundados en nylón, sacaron las escopetas recortadas de la bolsa de deporte.

Fede empujó con desgana la inmaculada y brillante puerta de la sucursal de Caixa de Terrassa con la enorme barriga que asomaba blanca y peluda bajo su camiseta de Scorpions… mientras avanzaba –en un alarde de optimismo- a paso firme y seguro – con toda la seguridad y firmeza que debe dar un 50% de alcohol en sangre.

Cargó, allí mismo, su mal recortada escopeta de caza con cartuchos de posta y gritó las tres palabras mágicas: “esto es un atraco”, luego se dió cuenta de que eran 4 palabras, y que por la pinta que llevaba, todo el mundo sabía que era un atraco. Pero le hacía ilusión decirlas y por sus cojones que las dijo.

Pedro entró detrás, lentamente, como en un sueño, repitiendose a sí mismo en un cíclico monólogo interior:

- Estoy harto de que me robe todo el mundo, estoy harto de que me roben, harto de que me roben los bancos, de que me roben las cajas, harto de que me roben la mitad de mi sueldo con las putas hipotecas, harto de los impuestos y discriminacón positiva del estado, harto de que la otra mitad de mi sueldo se la lleve mi ex y los novios de mi –ex, estoy harto de…

Iba cargando su recortada y el sonido metálico también farfullava infinitos hartazgos y mientras, un pequeño rincón sobrio de su mente, recordaba tres palabras de ´Pérez Reverte, sobre los Reporteros de Guerra, los reporteros de las tres D: Divorciados, Despedidos y Dipsómanos…

Pedro ahora se autodefinía con las tres A :

Atracador, Acojonado y Anónimo…

 

- ¡Coño! - exclamó la Lola con la escopeta delante apuntándola al pecho. - Estos hijos de... me han fastidiado el plan - musitó palpándose la navaja de quince centímentros que llevaba atrapada en la media, debajo de la falda.
- ¡He dicho que todo el mundo al suelo! - chilló Pedro agarrándose al clavo ardiente que le permitiría respirar y sacar la cabeza del agua helada del anonimato.
La Lola se echó al suelo no sin antes volver a blasfemar. Con lo bien que lo había planeado todo con su Julián, joder, que ya sabían cómo hacer para sacarle los billetes al calvo aquel de la ventanilla, joder joder, para que ahora vinieran esos dos desgraciaos a jorobarle el plan por un atraco a la antigua, que a quién se le ocurre ponerse medias en la cabeza, hay que ver. Echó una mirada disimulada al reloj. Las cosas no iban bien. Faltaban sólo tres minutos para que cruzara la puerta el Juli y ya sabía ella que aquello no iba a acabar bien.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

25/06/2008 17:31 Autor: unmuntdemots. Enlace permanente. Tema: NARRACIONS A TRES BANDES No hay comentarios. Comentar.

16/06/2008

19/04/2008

Conte a trois

Què fas aquí..

i jo que sé                                                        

19/04/2008 11:46 Autor: unmuntdemots. Enlace permanente. Tema: NARRACIONS A TRES BANDES No hay comentarios. Comentar.

30/10/2007

Cuento a tres bandas:¿Qué haces aquí? de Maria, Eli y Toni

20071030191631-mil-spanish-infantry-afghanistan-lg.jpg

¿Qué haces aquí? Esa pregunta... esa maldita pregunta. Había pasado tiempo, mucho tiempo, para mí incluso una eternidad. ¿Cómo podía alguien recibirme con semejante témpano después de todo lo que habíamos compartido?

Me había preguntado infinidad de veces cómo sería nuestro saludo; había pensado qué diría yo, qué diría él, cómo reaccionaríamos cada uno, qué emociones nos envolverían... y creía que estaba preparada para enfrentarme al reencuentro. Pero esa pregunta... esa maldita pregunta...

Y no es que no me lo esperase.

De él se podía esperar cualquier cosa.

Desde el día que nos conocimos en el parque. Yo tenía seis años y él me pareció todo un hombre, cuando echó al chulito del barrio de los columpios para que yo me pudiese sentar.

Tenía once años. Todo un vejestorio.

Mi príncipe azul.

Solo que, un rato después, mi príncipe azul me bajó a empujones del columpio: "Bajate, niña, que ahora me toca a mí"

Desde luego lo que está claro es que, a su lado, la vida era cualquier cosa menos aburrida.

En cada recuerdo extraño, emocionante o divertido, allí está él. En cada momento extraordinario, en la sucesión de cosas raras en que se convirtió mi vida desde aquel día en el parque, él.

Y ahora, después de tanto tiempo... ¿qué haces aquí?

Lo reconozco. He venido a buscarte.

Y no pienso ir a ninguna parte sin ti.

El teniente del segundo tambor de la legión, Dionisio Huelín-Martínez de Velazco, escupió estas palabras, suavemente, despacio, de manera casi imperceptible con una voz de cazalla, dolor, tabaco, sol y arena, a través de sus labios resecos, mientras recordaba aquél último verano luminoso entre las blancas paredes de casa de Málaga, navegando en la memoria, se perdía por instantes entre cada una de aquellas peligrosas curvas blancas sudorosas, buceaba entre aquellos parajes escondidos, que ahora se escondían tras la anodina y aséptica bata sanitaria de Lucía.

Recordaba el tacto de aquella larga cabellera ondulada, color negro azabache robada a una noche sin luna, prisionera, ahora de un ridículo gorro de quirófano verde-espejismo.

Fijo su insolente mirada legionaria, parapetada tras unas Rayban polvorientas en los grandes ojos negros en forma de almendra y pareció por un momento que quedaran atrapados en el reflejo de sus lentes oscuras.

Su perfume de azahar y tomillo con un ligero toque de orquídeas recién cortadas, volvió a acelerarle un ritmo cardiaco, acostumbrado otro tipo de batallas, mucho menos tormentosas.

El sutil aroma tantos años añorado se mezcló con el desagradable olor a sangre fresca, desinfectante, alcohol y muerte de aquel miserable y abarrotado hospital de campaña en un punto perdido y olvidado en el desangelado mapa de color gris y crema del nordeste de Afganistán.

A veces, la realidad nos teje tramas de las que nos es difícil escapar… sobre todo cuando el centro de tu vida es un príncipe azul que te bajó a empujones de un columpio.

Poner distancia me pareció una buena idea.

Fueron años y años de intensa búsqueda, aquí no, allá tampoco. Búsqueda o huida, había momentos en que esta duda me asaltaba… pero siempre encontré la razón para continuar hacia delante a pesar de no hallar respuesta a ese dilema.

Era consciente de que mi vida no estaba siendo como siempre había pensado que sería… Y últimamente, a menudo, sentía que había entrado en uno de esos Caminos a Ningún Lugar.

¿Qué hay en los Caminos a Ningún Lugar? Soledad. Silencio. Miedo. Mucha niebla, una niebla espesa que lo envuelve todo. Pero sobre todo, ¿qué no hay en los Caminos a Ningún Lugar? Esperanza. Ilusión. Amor. Nunca brilla el sol, no se siente su agradable calor.

Pero un día, por fin, sentí que había llegado a mi destino. Era el Lugar. Era aquel lugar. Estaba convencida de que aquel punto perdido y olvidado en el desangelado y grisáceo mapa del nordeste de Afganistán me permitiría encontrarme. Pero lo que en realidad me había permitido era que él me reencontrase… y me dijese que había venido a buscarme y que no pensaba ir a ninguna parte sin mí.

No lo hizo. ¿Qué haces aquí? Eso es lo que dijo. Pero igualmente no me iría si él. Demasiadas cosas compartidas, demasiados recuerdos. Si bien no parecía el mismo hombre que conocí, la verdad es que nunca era el mismo hombre. Cada vez que lo encontraba era otro. Un nuevo desconocido. Ahora se hacía llamar Dionisio (por dios, ¿de dónde había sacado ese nombre?), hablaba con un marcado acento andaluz y tocaba el tambor en la legión.

¿Qué caminos extraños lo habían llevado hasta allí?

¿De dónde había salido la cicatriz blanca que le cruzaba la mejilla como un signo de interrogación?

No, no parecía el mismo hombre. Nunca había sido el mismo hombre.

Pero esto ya era demasiado.

Sentí deseos de gritarle. De abofetearle. De besarle.

-He venido de cooperante con una ONG. Queremos evitar la destrucción de los budas gigantes -eso fue lo que dije.

Ni más ni menos.

-Ejtá bieng ezo-respondió con su caricaturesco acento andaluz-Tú ciempre preocupándote por loj maj débilej, zi zeñó.-y soltó una risotada burlona.

Lamenté profundamente no haberle abofeteado.

Le di la espalda, aferrando con fuerza la cámara de fotos.

-¿Conoces a ese tío?-me preguntó Marcos, con su más profunda expresión de repugnancia.

-Lo conocí. Una vez. En otra vida. En otro mundo. Pero ya no...

No, ya no lo conocía. Era otro hombre. Pero seguía siendo él. Así que me lo llevaría de allí. Dijese lo que dijese. Sin importar lo que pensara Marcos. Y evitaría que los talibanes destruyesen los budas gigantes. Siempre consigo lo que me propongo.

Aunque, de momento, no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo.

...
(Inacabat) 

 

Etiquetas: ,

30/10/2007 19:16 Autor: unmuntdemots. Enlace permanente. Tema: NARRACIONS A TRES BANDES No hay comentarios. Comentar.