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EL MAESTRO ISÀ

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(Pere Miquel)

 

–Venerable Lobsang, cuéntame otra vez como fue cuando de joven marchaste lejos, muy lejos, a países de los no creyentes a encontrar a nuestro Maestro.

—Ya te lo he contado mil veces, Satyakama. Pero no me importa, sé que te gusta volver a oírmelo explicar. Por entonces no sería mayor que tú, y aún disfrutaría durante muchos años de la luz que le falta ahora a mis ojos. Esperábamos el nuevo nacimiento de Krishna, ¡un dios viviente!, no la simple reencarnación de un lama. Sería cuando se produjera la conjunción, la unión en el cielo, de Júpiter y Saturno en Piscis tres veces seguidas el mismo año.

El lama Gas-Bar me propuso, como alumno suyo, que le asistiera durante el viaje. Aún se me humedecen los ojos al recordarlo… ¡Ir al encuentro de Krishna! Viajaríamos con el lama Mei-Tsong, acompañado también por uno de sus acólitos, y con el astrólogo Baal Tsar.

Según Baal Tsar debíamos partir desde Cachemira hacía el país de los yadus, donde habría sido el nacimiento. Viajamos hasta Samarcanda para unirnos a una caravana que iba a Palmira. Llevaban productos de China para venderlos a los rumíes. Desde Palmira aún necesitamos diez días de viaje para llegar a donde los escritos antiguos y las estrellas indicaban que encontraríamos a Krishna.

El niño ya tenía más de un año. Era el tiempo que había pasado desde la primera conjunción planetaria. Era un príncipe de aquellas tierras, pero un príncipe sin corona. Aquel era un reino conquistado por los rumíes.

Le mostramos objetos personales de su última reencarnación junto a otros similares para poder confirmar si elegía los correctos: escogió su rueda de oración de oro de entre las otras que le mostramos y empezó a usarla como improvisado sonajero; eligió el perfume de mirra, preferido de Krishna; también cogió en seguida el braserillo de bronce para quemar resinas con el mandala que él mismo había diseñado en su anterior vida, ignorando los otros que le mostrábamos…

No lo volví a ver hasta que tuvo la edad de cuarenta años, pero sé que siendo muy niño fue traído a la lamasería Hemis para su educación. Yo, en esa época, estaba en el Potala. Me habría gustado tanto acabar mi noviciado junto a sus primeros pasos… Cuando llegó a edad adulta volvió a su reino. Aquellos bárbaros estuvieron a punto de matarlo. Fue entonces cuando regresó a Srinagar para recuperarse… y quedarse. Yo también vine a buscarlo, y ya no volví a separarme de él. Cuando nos encontramos dijo que me recordaba de cuando era niño. Siempre he creído que me lo decía con sinceridad, aunque algunos lamas me provocaban diciendo que era imposible que se acordara de mí a tan tierna edad, que forzosamente alguien le había comentado mi aventura juvenil de su búsqueda. No sé… no sé…

Las enseñanzas del Maestro difícilmente las podrás aprender de un libro. Él te las hacía vivir. También nos enseñaba a curar a los enfermos con la fuerza de la oración. Si estuviera vivo no dudo que me habría curado la vista, aunque siempre decía que no hacen falta ojos para ver la Verdad.

Satyakama, creo que ya es hora de ir a orar. En otro momento continuaré explicándote mi historia con el maestro Isà, Yeshuá ben Yosef para los yadus hijos de Israel, Khristós para los griegos, Jesús hijo de Panthera para los rumíes…

http://www.ivoox.com/microrrelato-maestro-isa-audios-mp3_rf_472652_1.html

17/01/2011 08:45 Pere #. ÀUDIOS

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